Los pactos, que abarcan las esferas de trasporte, infraestructura, conectividad logística, inversiones y libre comercio, fueron rubricados por los respectivos cancilleres, el egipcio, Badr Abdelatty, y su par turco, Hakan Fidan, en la ciudad mediterránea de El Alameinn, precisa el anuncio oficial.
El acercamiento entre ambos países era casi palpable en los últimos meses por reuniones de alto nivel centradas en la crisis en el golfo Pérsico, causa de preocupación para ambos estados musulmanes.
Los nexos entre El Cairo y Ankara descendieron a niveles ríspidos tras el derrocamiento en 2013 del presidente Mohamed Morsi, un miembro del ejecutivo de la Hermandad Musulmana, agrupación con la cual el partido gobernante en Turkiye tenía relaciones privilegiadas.
El deshielo entre El Cairo y Ankara trasciende la esfera de la colaboración económica y técnica, en particular después que la semana pasada Turkiye, Arabia Saudita y Pakistán firmaran el Acuerdo de defensa mutua Meca que insertó en la crisis provocada en el golfo Pérsico por los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Versiones sin confirmar mencionan la posibilidad de que Egipto sopesa sumarse al acuerdo, adición que le imprimiría el apellido de estratégico ya que establece que la agresión contra uno de los miembros será considerada una acción contra todos.
Egipto le añadiría peso geográfico, histórico, territorial, control del canal de Suez y demográfico con sus 112 millones 716 mil 600 habitantes.
Vista esta provisión, el solo hecho de que Pakistán posea el arma nuclear es un muro de contención para Israel, que también la tiene, aunque no la confiesa ni la niega.
Las ambiciones de Tel Aviv de anexarse territorios que van desde los ríos Nilo, en Egipto, al Éufrates, en Iraq, constituyen razón de inquietud para más de un gobierno en el Levante. En términos de Turkiye, recientes declaraciones del probable sucesor de Benjamín Netanyahu en la jefatura del gobierno israelí, Neftalí Bennet, son observadas con cautela ya que sin mucho protocolo aseguró que uno de sus primeros actos como gobernante será “ajustar las cuentas a Turkiye”.
Otra faceta del acuerdo hasta ahora tripartito es que erige un muro de contención ante alegados apetitos expansionistas de Teherán irrealizables aun cuando logre sobrevivir a la guerra no declarada de Washington y la siempre posible agresión castrense de un Israel desbocado en sus afanes expansionistas alentados por la inercia cuando no complicidad de la inmensa mayoría de la comunidad internacional con honrosas excepciones.
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