El siniestro, el mayor registrado en la historia del país, consumió tres mil hectáreas —equivalentes a cuatro mil 200 campos de fútbol— y supera el incendio de 2011, que arrasó mil 400 hectáreas.
La lucha contra el fuego moviliza a más de 250 rescatistas, pero la maquinaria pesada se hunde en la turba, por lo que el apoyo aéreo resulta decisivo, detalló el rotativo. Mientras expertos en gestión de desastres subrayan que la sequedad del suelo y la naturaleza del terreno complican el control.
Sin lluvias significativas, el fuego podría extenderse, advierte la meteoróloga Clara Vogt, de la Universidad de Lieja y, de su lado, analistas ambientales vinculan la magnitud del evento con el cambio climático.
Pobladores de la zona temen por sus bienes y colaboran con cisternas de agua en tractores, mientras el humo alcanzó Renania-Palatinado, en Alemania, y el olor a quemado se percibe a decenas de kilómetros.
Las autoridades belgas mantienen la alerta máxima y piden a la población evitar las áreas cercanas al paraje natural, compuesto por turberas y brezales, cuyo ecosistema sufre daños irreversibles.
El operativo, que incluye aviones anfibios, continúa sin tregua, aunque los especialistas insisten en que la extinción total dependerá de las condiciones climáticas de los próximos días.
ool/ehl/amp













