Más allá de la moda, la industria de la seda está viviendo una segunda edad dorada gracias a sus propiedades biomédicas y ecológicas.
Según la Organización Internacional de la Seda, la producción global ha aumentado un 15 por ciento impulsada por la demanda de filtros de aire de alta eficiencia y apósitos quirúrgicos.
«La sericina, una proteína de la seda, tiene propiedades antibacterianas que la industria plástica no puede replicar», asegura la ingeniera textil china Li Wei, durante el congreso de Hangzhou, China.
En el sector de la moda, las grandes casas como Gucci y Prada están volviendo a la seda natural frente al poliéster, debido a la nueva norma de la Unión Europea (UE) contra los microplásticos que desprenden los tejidos sintéticos.
Sin embargo, el cultivo de la morera (alimento del gusano) se está viendo afectado por las olas de calor en Asia, lo que dispara el precio de la seda bruta un 20 por ciento en lo que va de año, incentivando la búsqueda de proveedores en Brasil e India.
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