El fenómeno climático sorprendió a los conductores el domingo último, cuando la intensa lluvia se convirtió en avalanchas que destrozaron varios tramos de la carretera Panamericana Sur y dejó atrapados a pasajeros, cargamentos de alimentos perecederos que ya se pudrieron y de todo tipo.
El descomunal atasco se ha reducido con el paso de los días, pero se estima hay todavía más de dos mil automotores sin poder salir ni al sur ni al norte, en la sureña región de Arequipa.
El problema es que hasta hoy los deslizamientos que caen sobre la vía, que recorre toda la costa construida en medio de elevaciones, sin salida hacia arriba y con los acantilados hacia abajo, donde está el mar.
Una mujer que intentaba salir de la trampa tendida por la naturaleza murió en el intento, al colapsar por el esfuerzo, muchos pasan hambre y sed y, lo peor, las unidades y maquinaria de rescate nada pueden hacer porque los derrumbes continúan.
El riesgo de que un alud arrastre autos y pasajeros es constante y la esperanza está en que los pronósticos que dan por terminada la Dana abra paso a las rescatistas, las gruas y otros equipos que liberen la ruta y los viajeros sigan a sus destinos.
La Dana, además, afectó a la región de Moquegua, al sur de Arequipa, y devoró un gran tramo de la carretera, auxiliar de la Panamericana, ante lo cual la solución fue abrir una ruta de emergencia para evitar el tramo destruido.
En Lima, dos distritos siguen recuperándose de la fuerte llovizna que inundó casas, escuelas, y, como los desagües colapsaron, las aguas negras se mezclaron con la provocada por la Dana.
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