En un comunicado por el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, Türk reconoció la labor de esos trabajadores y denunció los ataques físicos, la intimidación, la desinformación, la difamación, el arresto, la detención y el secuestro de cientos de ellos.
Más de mil fueron asesinados en los últimos tres años: una cifra alarmante. La mayoría eran colegas que apoyaban a sus propias comunidades, apuntó, y expresó su preocupación por la situación en Gaza, Yemen, Líbano y otros territorios.
En algunos casos, esas agresiones podrían constituir crímenes de guerra o de lesa humanidad. Debemos abordar las fallas sistémicas que permiten que la violencia contra el personal humanitario continúe y, a menudo, quede impune. Esto es totalmente inaceptable, aseveró.
Los ataques contra el personal de la Organización de las Naciones Unidas tienen consecuencias devastadoras no solo para los trabajadores y sus seres queridos, sino también para quienes dependen de su apoyo. Familias enteras se quedan sin ayuda, los niños pasan hambre, los pacientes no pueden acceder a la atención médica y otros se ven expuestos a graves peligros, añadió.
Por tal motivo, instó a hacer respetar las normas y leyes pactadas y garantizar su aplicación de manera coherente en todos los Estados miembros.
El derecho internacional, los Convenios de Ginebra y la Declaración Universal de Derechos Humanos no son opcionales. Se aplican a los ataques con drones y a los sistemas de armas con inteligencia artificial, al igual que al bombardeo indiscriminado de zonas residenciales. Las normativas fueron diseñadas para protegernos a todos y deben respetarse y aplicarse en la mayor medida posible, indicó.
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