Precisó que todos debemos acostumbrarnos a esta realidad: más calor en el verano y lluvias muy concentradas y por lo tanto será necesario extender los planes de invierno hasta regiones usualmente secas y cálidas, como Arica y Parinacota y Tarapacá.
Sarricolea recalcó la necesidad de aumentar la vigilancia y la preparación, porque las condiciones se están exacerbando por la combinación del cambio climático y El Niño.
No hay región o ciudad en Chile que permanezca ajena a las nuevas condiciones explicó y agregó “no hay vuelta, hay que prepararse”.
Señaló que en algunas regiones ya se están tomando medidas, como el parcelamiento de los bosques, pero eso también incrementa el riesgo por los incendios forestales.
El investigador agregó que podría cambiar la forma en la cual se mira un año normal, porque las estaciones comienzan a desdibujarse.
Algunas de las medidas recomendadas son proteger los humedales, aumentar las áreas verdes y la creación de piscinas de decantación para proteger los poblados de los escurrimientos y torrentadas.
El evento de El Niño provoca un calentamiento inusual del océano Pacífico capaz de generar sequías, inundaciones o potenciales olas de calor.
Zonas como el sudeste asiático o regiones de Oceanía sufren escasez extrema de agua mientras en América del Sur hay lluvias torrenciales e inundaciones con fuertes pérdidas en la agricultura.
Además, hay un impacto en la pesca, porque las corrientes cálidas reducen la presencia de peces de agua fría.
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