Un artículo publicado en el Journal of Neurology Neurosurgery & Psychiatry, subraya que con esa dolencia puede observarse niveles más bajos de aptitud académica entre aquellos cuyo trastorno neurológico comenzó a una edad muy temprana.
Los investigadores indican que es probable que los mecanismos sean multifactoriales y acumulativos, lo que justifica una evaluación proactiva y el apoyo a los afectados.
Para ellos sigue sin aclararse si la afección perjudica directamente la función cerebral hasta el punto de comprometer el rendimiento académico.
La epilepsia infantil puede ir acompañada de trastornos del neurodesarrollo, como el del espectro autista, el de déficit de atención e hiperactividad, la parálisis cerebral y la discapacidad intelectual, incluso los infantes pueden tener dificultades para concentrarse.
Explicaron que dicho padecimiento se asoció con una probabilidad tres veces mayor de no completar la educación primaria antes de los 17 años.
“Los niños con epilepsia complicada o cuya afección había comenzado en la primera infancia tenían cuatro veces más probabilidades de no completar la escolarización primaria que aquellos con epilepsia no complicada”, argumenta el artículo.
Estos menores con epilepsia de inicio temprano o complicada tenían una probabilidad especialmente alta de sufrir desventajas educativas, al igual que aquellos con epilepsia generalizada.
Los autores indican que resulta preocupante que el riesgo de muerte fuera sustancialmente mayor entre las personas con epilepsia; el seis por ciento de quienes padecieron epilepsia infantil fallecieron antes de los 35 años, en comparación con menos del uno por ciento de quienes no sufrían esta afección.
Concluyeron en la necesidad de evaluar la capacidad académica, así como de implementar intervenciones específicas que integren el apoyo educativo y psicosocial para optimizar el potencial educativo de los jóvenes con epilepsia de inicio en la infancia.
Aclararon que el estudio no demuestra que la epilepsia infantil perjudique el desarrollo cognitivo, más bien, muestra que los niños con epilepsia siguen trayectorias educativas diferentes.
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