Según datos del Ministerio de Agricultura, los envíos de piña fresca al exterior descendieron de seis mil 803,8 toneladas métricas en 2021 a mil 172 toneladas en 2025, una contracción de 82,8 por ciento en cuatro años.
En términos de valor, los despachos pasaron de cinco millones 60 mil dólares a 1,19 millones de dólares.
La tendencia negativa continuó durante los primeros cinco meses de 2026, cuando las ventas fueron valoradas en 526 mil 676 dólares.
El comportamiento ocurre pese a la expansión sostenida de la producción nacional. En 2022 se cosecharon 219,1 millones de unidades; en 2023, 329,9 millones, un crecimiento interanual de 50,6 por ciento, y en 2024 la producción llegó a 369,2 millones de unidades.
Entre los factores que afectan la actividad exportadora figura la pérdida de mercados.
Kisha Rodríguez Then, gerente ejecutiva de Caralinda Agroindustrial, explicó a elDinero que la empresa llegó a destinar alrededor del 90 por ciento de su producción a los mercados internacionales, pero actualmente esa proporción ronda el 20 por ciento.
A las dificultades comerciales se suman el aumento de los costos de producción, el encarecimiento de agroquímicos importados, los costos de los contenedores procedentes de Asia y las fluctuaciones cambiarias, así como la escasez de mano de obra calificada.
Mientras el sector enfrenta estos obstáculos en los mercados externos, el consumo interno mantiene una tendencia creciente.
El Ministerio de Agricultura estima que el consumo de piña pasó de 9,62 millones de quintales en 2021 a 20,29 millones en 2025, un aumento de 110,8 por ciento.
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