Al inaugurar el encuentro, el canciller Javier Martínez-Acha advirtió que las instituciones internacionales fueron concebidas para una realidad distinta y no responden plenamente a fenómenos como los conflictos prolongados, el terrorismo, el crimen organizado transnacional, las ciberamenazas, la desinformación, el cambio climático y el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial.
“No podemos enfrentar los retos del siglo XXI con estructuras concebidas para las realidades del siglo XX”, afirmó el diplomático.
Martínez-Acha reivindicó, asimismo, el papel de los 10 miembros electos del Consejo de Seguridad y rechazó cualquier consideración de que ocupen una posición secundaria dentro del sistema de Naciones Unidas.
“Carecer de veto no significa carecer de voz. Y tampoco significa carecer de poder”, sostuvo.
El canciller llamó a esos países a asumir plenamente sus responsabilidades y contribuir a un “multilateralismo útil”, capaz de generar consensos y soluciones, particularmente para las naciones pequeñas y medianas.
En su intervención, puso como ejemplo la experiencia histórica de Panamá, al recordar la recuperación de la soberanía sobre el Canal mediante la negociación y el derecho internacional.
Aludió a la reunión del Consejo de Seguridad celebrada en Ciudad de Panamá en 1973, a los Tratados Torrijos-Carter de 1977 y a la transferencia definitiva de la vía interoceánica a Panamá en 1999.
“Son victorias que no dejaron cadáveres. Dejaron tratados”, afirmó, al destacar la capacidad de la diplomacia para producir transformaciones geopolíticas sin recurrir a la guerra.
El funcionario situó además la inteligencia artificial entre los nuevos desafíos para la seguridad internacional y la gobernanza mundial.
“La humanidad debe gobernar su futuro antes de que la tecnología termine gobernándolo por nosotros”, remarcó.
Panamá propuso que la gobernanza internacional de la inteligencia artificial se sustente en cinco principios: seguridad, responsabilidad, supervisión humana, respeto a los derechos y la dignidad de las personas, y acceso equitativo a sus beneficios.
El jefe de la diplomacia de la nación istmeña subrayó además que las decisiones capaces de determinar la vida o la muerte de las personas deben permanecer bajo control humano y que el derecho internacional humanitario no puede quedar subordinado a sistemas algorítmicos.
También alertó sobre los riesgos derivados de la concentración de las capacidades de inteligencia artificial en un reducido número de Estados o empresas.
Panamá ocupa actualmente un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad para el período 2025-2026, condición que ha utilizado para promover una mayor participación de los miembros electos y reforzar el papel del multilateralismo en la solución de las principales amenazas a la paz y la seguridad internacionales.
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