El hallazgo se produjo en Ören, provincia de Balıkesir, donde los investigadores de la Universidad de Bellas Artes Mimar Sinan, liderados por el doctor Hüseyin Murat Özgen, excavan una residencia de grandes dimensiones construida entre los siglos II y III d.C.
Este excepcional descubrimiento en la antigua ciudad de Adramytteion revela la vida doméstica de una familia hace mil 800 años, explicó la revista History National Geographic.
El complejo, organizado alrededor de un atrio central, conserva quince paneles figurativos en la Sala Norte (la estancia de recepción), con escenas mitológicas, animales exóticos y símbolos de prestigio social.
Lo que convierte el descubrimiento en excepcional, destacó la revista, no es solo la presencia de ambos animales, sino que aparezcan identificados por inscripciones junto a sus nombres.
En el arte romano abundan las representaciones de fauna doméstica y salvaje, pero rara vez los animales se muestran como individuos reconocibles, subrayó la publicación.
El gato fue bautizado como Esmeralda y el perro como Okyanos, que en griego significa Océano; para el líder de la investigación, estos nombres podrían aportar información valiosa sobre la identidad de los propietarios de la villa, aunque todavía no existe una interpretación definitiva.
La presencia de inscripciones introduce un componente profundamente personal dentro de un programa decorativo destinado también a exhibir riqueza y estatus social.
En medio de un universo visual poblado por aves, peces, la cabeza de Medusa, un caballo alado y una figura pigmea, el gato Esmeralda y el perro Okyanos comparten espacio con criaturas mitológicas y motivos cívicos, situándose al mismo nivel que los elementos más destacados de la decoración.
Esta convivencia entre lo privado y lo público resulta especialmente fascinante: la villa estaba diseñada para impresionar a los visitantes, pero también para reflejar la identidad de sus habitantes, aportó National Geographic.
Los investigadores son cautelosos y evitan reconstruir en exceso la relación entre la familia romana y sus animales.
Sin embargo, el simple hecho de que los nombres hayan llegado hasta nuestros días permite imaginar una conexión que trasciende los siglos.
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