El sondeo, realizado por el Centro de Investigaciones y Estudios Especializados (Ciees), muestra una mejora de la evaluación del gobernante en comparación con el mes de julio, cuando la valoración positiva se situó en 21 por ciento.
El resultado interrumpe la tendencia descendente en la aceptación del mandatario registrada desde marzo pasado, pero mantiene el predominio de las opiniones negativas en las dos ciudades analizadas.
En Quito, la valoración favorable pasó del 23 al 29 por ciento, mientras en Guayaquil subió del 19 al 34 por ciento.
Sin embargo, el rechazo continúa siendo mayoritario, con 71 por ciento en la capital y 66 por ciento en Guayaquil.
La evaluación también es desfavorable en todos los grupos etarios estudiados, con el mayor rechazo entre los jóvenes de 18 a 27 años, donde alcanza el 74 por ciento.
Para la académica e investigadora Caroline Ávila, estos resultados deben analizarse con cautela, pues la recuperación del agrado no se traduce todavía en un incremento equivalente de la confianza.
“En Carondelet (sede del Ejecutivo) no pueden todavía abrir una champaña, necesitan subir la confianza que sigue en 28 por ciento”, señaló la profesora universitaria, al considerar que sin confianza es difícil sostener períodos de empatía o respaldo ciudadano.
De acuerdo con el estudio, realizado los días 29 y 30 de agosto mediante 820 entrevistas presenciales en hogares de Quito y Guayaquil, los problemas que más preocupan a la población son la inseguridad, la economía, y el mal gobierno o la corrupción.
La indignación fue la principal emoción expresada por los encuestados, con 34 por ciento, seguida por el miedo, con 30; la esperanza alcanza 20 por ciento y la confianza apenas tres.
Pese a la percepción negativa sobre el país, el 70 de cada cien considera buena o muy buena su situación personal y familiar, lo que el Ciess interpreta como un espacio de contención frente a las dificultades del entorno.
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