El gobernante consideró esa prerrogativa como una «línea roja» que garantiza la supervivencia del bloque y obliga a alcanzar consensos entre los Estados miembros.
Durante una rueda de prensa conjunta con su homólogo búlgaro, Rumen Radev, tras reunirse en Sofía, Fico subrayó que Bratislava rechaza cualquier intento de imponer decisiones desde Bruselas sin el acuerdo de todos los socios comunitarios.
El mandatario eslovaco insistió en que el veto es un pilar fundamental para el equilibrio interno de la UE, según reflejó la prensa de esta capital.
El derecho de veto es una línea roja, no debemos recibir órdenes de Bruselas. Precisamente el veto garantiza que la Unión Europea sea viable y pueda adoptar decisiones sobre la base de compromisos recíprocos. Por eso no debe limitarse, declaró el primer ministro eslovaco, quien realiza una visita oficial a la capital búlgara.
La postura de Fico coincide con la de otros gobiernos de Europa central y oriental que ven con recelo los planes de la Comisión Europea para avanzar hacia una integración más profunda en materia de política exterior y fiscalidad, eliminando la unanimidad en ciertos ámbitos.
Analistas locales señalaron que la defensa del veto refuerza el perfil soberanista del líder eslovaco.
Fuentes cercanas al oficialismo búlgaro valoraron la intervención de Fico como un respaldo a las posiciones que defienden la autonomía nacional frente a los órganos supranacionales, aunque reconocieron que el debate sobre el veto divide profundamente a los Veintisiete.
En este contexto, Radev evitó pronunciarse directamente, pero coincidió en la necesidad de preservar el diálogo entre iguales.
El jefe del Gobierno eslovaco también aprovechó su estancia en Sofía para abordar temas bilaterales, como la cooperación energética y los proyectos de infraestructura, en sintonía con la agenda de desarrollo compartido que ambos países impulsan dentro del bloque comunitario.
Finalmente, Fico reiteró que Eslovaquia seguirá defendiendo sus intereses nacionales en el seno de la UE, y advirtió que ceder en el derecho de veto debilitaría la capacidad de los países pequeños para hacer valer su voz.
Sin veto, la Unión dejaría de ser un espacio de consenso para convertirse en un instrumento de imposición, concluyó.
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