El campeón olímpico de París 2024 y mundial de Tokio 2025 convirtió la pista belga en territorio de caza, resistió el feroz asedio final del argelino Djamel Sedjati y dejó atrás una marca que pertenecía desde 1997 al legendario Wilson Kipketer.
Sedjati, plata olímpica y una de las grandes amenazas contemporáneas de la media distancia, llegó segundo con 1:42.71, mientras el francés Yanis Meziane completó el podio en 1:42.87, en una carrera que volvió a reunir a varios de los hombres más rápidos de la historia sobre dos vueltas al estadio.
El canadiense Marco Arop, campeón mundial en Budapest 2023 y plata olímpica en París, terminó cuarto con 1:43.50, por delante del botsuano Tshepiso Masalela, quinto con 1:44.29, y del francés Gabriel Tual, sexto con 1:44.55.
Wanyonyi, de 22 años, administró la carrera con la serenidad de quien conoce el filo de los 800 metros y, cuando el último hectómetro pidió sangre fría, respondió con una aceleración que quebró las aspiraciones de sus perseguidores.
El triunfo añadió otra joya a la vertiginosa colección del corredor nacido en Kapretwa, en el condado keniano de Trans-Nzoia, quien pasó una infancia marcada por la pobreza y el pastoreo de ganado antes de encontrar en las pistas una salida y un destino.
Dueño de una mejor marca personal de 1:41.11, conseguida en Lausana en 2024 e igualada entonces con Kipketer como segunda mejor de todos los tiempos, Wanyonyi solo tiene por delante en la lista histórica del 800 al también keniano David Rudisha, récord mundial con 1:40.91.
En 2026 ya había enviado otra señal de grandeza al pulverizar el récord mundial de 1.000 metros con 2:11.83 en Mónaco, y su nueva exhibición en Bruselas confirma que el presente de la media distancia lleva acento keniano y zancada de campeón.
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