El hallazgo ocurrió durante los trabajos de prospección con georradar para la construcción de un estacionamiento subterráneo, que revelaron a solo un metro de profundidad restos de la iglesia, claustros, columnas y patios interiores del complejo religioso, dado por perdido desde hace siglos.
El monasterio, destruido en el siglo XVI, fue desmantelado para reutilizar sus ladrillos, pero gran parte de sus cimentaciones permanecieron intactas bajo tierra, explicaron los especialistas, quienes calcularon que la edificación abarcaba unos 70 metros por lado.
El descubrimiento, que redefine el mapa histórico de Roskilde, ha despertado el interés de la comunidad académica y vecinal. Para la arqueóloga local Anne Mette, citada por medios regionales, es una ventana excepcional a la vida monástica medieval en Escandinavia.
Los investigadores planean realizar excavaciones piloto para datar con precisión los estratos y documentar la disposición original del conjunto, que albergaba a la orden de las clarisas. El terreno, hoy utilizado para el deporte, podría convertirse en un sitio de interés patrimonial.
Especialistas en historia eclesiástica destacaron la relevancia del hallazgo para comprender la expansión del cristianismo en el norte de Europa. Mientras, el ayuntamiento local evalúa opciones para compatibilizar la conservación con el uso actual del espacio, en medio de propuestas ciudadanas para crear un museo in situ.
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