Tales conflictos exponen las debilidades de los modelos tradicionales de producción y redefinen las prioridades estratégicas de las potencias.
El gasto militar global alcanzó un récord de 2,9 billones de dólares en 2025 (un billón equivale a un millón de millones), según datos del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI).
Por demás, se proyecta que la tendencia alcista continúe en 2026 y más allá, alimentada por la incertidumbre geopolítica y la guerra tecnológica. Estados Unidos lidera el ranking de presupuestos militares en 2026 con 975 mil 600 millones de dólares.
El eje de la nueva carrera armamentista está girando hacia la tecnología de bajo costo y alta precisión.
El Pentágono, con sus existencias de armas críticas severamente agotadas, ha lanzado una búsqueda urgente de nuevo armamento avanzado, pero asequible.
El expresidente de Airbus, Tom Enders, advirtió que el cambio hacia sistemas de drones e inteligencia artificial podría revolucionar el sector de defensa de forma similar a como SpaceX transformó el sector de lanzamientos espaciales.
En este sentido, empresas emergentes como Helsing y Anduril están impulsando sistemas impulsados por IA, como cohortes de combate no tripulados, desafiando el dominio de los gigantes tradicionales de la defensa.
El rearme planetario está dominado por una combinación de sistemas tradicionales y nuevas tecnologías, donde los aviones de combate de última generación continúan siendo el eje del poder militar, pero se ven complementados por misiles y drones de precisión que redefinen las operaciones militares.
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