Las razones principales son el mayor peso de los impuestos y las cargas en sus facturas, reveló la Confederación General de Artesanía de Italia (Confartigianato), organización patronal más importante del país dedicada a la representación y defensa de los artesanos y las micro y pequeñas empresas.
Un análisis divulgado este lunes por esa entidad señala que el precio de la electricidad para una pequeña empresa italiana alcanza actualmente los 25,99 céntimos de euro por kilovatio hora, frente a los 22,04 céntimos de promedio en la UE, una diferencia del 17,9 por ciento.
Italia presenta así el tercer precio más elevado de la electricidad para este sector empresarial entre los países europeos analizados, sólo por detrás de Irlanda y Alemania, según el estudio.
La brecha se amplía al considerar el componente fiscal, según revelan los impuestos y las cargas incluidos en las facturas eléctricas de las micro y pequeñas empresas italianas que representan 47,4 por ciento más que en el conjunto de la UE.
Confartigianato precisa que el componente fiscal alcanza en Italia 5,44 céntimos de euro por kilovatio hora, uno de los niveles más elevados del continente.
El estudio advierte además sobre un efecto regresivo del sistema, pues la incidencia de los impuestos y cargas disminuye a medida que aumenta el consumo energético.
De acuerdo con los datos divulgados, las grandes empresas con elevado consumo energético llegan a pagar por la electricidad menos que sus equivalentes europeas, mientras las compañías con consumos inferiores a 20 megavatios hora anuales afrontan una desventaja del 75,5 por ciento.
La organización considera que esta estructura genera un desequilibrio en perjuicio de las empresas de menor dimensión, que soportan una parte proporcionalmente mayor de los costes asociados al sistema energético.
El presidente de Confartigianato, Marco Granelli, sostuvo que el elevado costo energético representa un obstáculo para la competitividad de las pequeñas empresas italianas y reclamó un reequilibrio de la carga fiscal entre las diferentes dimensiones empresariales.
Señaló que no se trata de establecer privilegios para las pequeñas empresas, sino de garantizar condiciones de competencia equitativas en el mercado europeo y facilitar la transición energética del tejido productivo.
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