Al Thani formuló esas declaraciones en la apertura del período 81 de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, bajo el lema «Restaurar la confianza y gestionar la transformación: unas Naciones Unidas que ofrecen resultados para todos».
Al abordar las repercusiones de la crisis en Medio Oriente, Tamim bin Hamad señaló que la región atraviesa «una de sus fases más peligrosas» como resultado de años de dilación y de soluciones temporales y políticas poco realistas.
El emir destacó que Qatar, en su condición de mediador y facilitador de procesos de paz, aseguró que el paso del tiempo no resuelve las disputas pendientes cuando no existe un acuerdo justo.
Atribuyó parte de los riesgos actuales a la ausencia de un «sistema de seguridad colectiva regional» que respete la soberanía, la integridad y la unidad territorial de los Estados, promueva la solución pacífica de las controversias y defienda la no injerencia en los asuntos internos.
En ese sentido, reiteró el llamado de su país a establecer un mecanismo de esas características y señaló que los acontecimientos recientes han demostrado su «urgente necesidad».
Tamim bin Hamad advirtió que, ante la ausencia de un sistema de seguridad colectiva, las naciones pueden verse arrastradas a «guerras que ellas no provocaron» y sufrir ataques contra sus activos e instalaciones vitales, pese a sus esfuerzos por evitar una escalada.
También alertó sobre los riesgos derivados del cierre de una vía marítima internacional por la que transita una parte significativa del comercio mundial de energía, así como de la utilización de las principales rutas de la economía global como instrumentos de presión y negociación.
El emir reafirmó el compromiso de Qatar con una solución diplomática y abogó por «abrir el estrecho de Ormuz a la navegación y retomar las negociaciones para evitar la guerra».
Según afirmó, esa vía permitiría avanzar hacia una solución duradera que garantice la seguridad y estabilidad de la región.
El mandatario qatarí sostuvo asimismo que una salida diplomática abriría perspectivas de cooperación en distintos ámbitos y garantizaría la no injerencia en los asuntos internos de los Estados.
«No debe desaprovecharse la oportunidad de alcanzar una solución pacífica y diplomática, la cual es tanto posible como realista», enfatizó.
El 17 de junio de 2026, Washington y Teherán firmaron el denominado Memorando de Entendimiento de Islamabad, que contemplaba el cese de operaciones militares iniciadas en febrero de ese año y preparativos para la reapertura del estrecho de Ormuz a la navegación.
La aplicación del acuerdo quedó estancada por desacuerdos sobre su ejecución y la navegación por la vía.
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