“Las pruebas están y la justicia tarda. Han pasado largos 15 años de investigación y existen evidencias contundentes de que este fue un homicidio cometido por agentes del Estado”, dijo Reyes.
El autor de Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Residencia en la tierra, Canto General y muchas otras obras falleció en una clínica de esta capital el 23 de septiembre de 1973, 12 días después del golpe de Estado de Augusto Pinochet contra el gobierno de la Unidad Popular.
Aunque la versión oficial de la dictadura (1973-1990) atribuye la muerte del vate al cáncer de próstata que padecía, en 2012 se inició una pesquisa luego de las declaraciones de su chofer y ayudante, Manuel Araya, sobre un posible envenenamiento.
Desde entonces tres grupos de expertos internacionales analizaron el caso y el segundo de ellos reveló la presencia en sus restos de una bacteria incompatible con la vida.
“Ya en el año 2017 los peritos extranjeros establecieron que la bacteria clostridium botulino Alaska E 43 encontrada en sus osamentas fue un mortal veneno”, dijo su sobrino.
Añadió que en 2023 la ministra en visita Paola Plaza envió consultas aclaratorias a los laboratorios de Canadá y Dinamarca y a los metaperitos.
Estamos aún en esa etapa y los abogados consideramos que existen pruebas para establecer en forma judicial que este fue un crimen de Estado, aseguró.
Sobre los motivos, el abogado comentó hace poco a Prensa Latina que después de la muerte del presidente Salvador Allende y del asesinato de Víctor Jara, el otro de los íconos nacionales que estaba con vida era Neruda.
Recordó que el poeta había sido candidato a la presidencia, senador, embajador, cónsul, militante del Partido Comunista, entonces era un político connotado, además de ser un escritor.
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