La muestra constituye la primera gran exhibición dedicada por un museo italiano a Russo, nacida en Giugliano, Nápoles, en 1947, y reúne una selección de trabajos que contribuyeron, desde finales de la década de 1960, a la renovación del lenguaje fotográfico en el país.
Curada por Cristiana Perrella y Elena Magini, presenta siete núcleos fundamentales de la producción de Russo, principalmente correspondientes a los años 70 y comienzos de los 80, en los que confluyen la práctica artística, la antropología visual y la observación de la sociedad.
El recorrido aborda asuntos como el cuerpo, el género, los rituales y la construcción cultural de la identidad, indica el Museo Macro.
Una parte significativa de la investigación de Russo se concentra en la representación de la figura masculina, cuestionando los modelos tradicionales de virilidad y las formas de representación predominantes en una Italia todavía marcada por una cultura patriarcal.
El título Sguardo rovescio alude precisamente a ese cambio de perspectiva.
Según especialistas, la propia Russo definió su aproximación como “otra experiencia de la mirada”, mediante la cual examinó la masculinidad desde el punto de vista de una mujer fotógrafa y puso en cuestión convenciones de la fotografía de su época.
La apertura de Sguardo rovescio forma parte del programa de otoño del Macro, que desde este jueves incorpora asimismo dos propuestas vinculadas con la imagen en movimiento y la investigación sonora.
mem/mml













