El vicepresidente del Servicio Federal de Inteligencia germana, el general de división Dag Bähr, y el jefe de la inteligencia militar neerlandesa, el vicealmirante Peter Reesink, son las figuras señaladas por las fuentes.
De acuerdo con la investigación de ambos medios, el número de teléfono móvil, la dirección de correo electrónico personal y el domicilio de Bähr en Alta Baviera permanecieron durante varios años accesibles en la red, pero fue sustraída por piratas informáticos en 2020 durante un ataque cibernético masivo contra una casa de subastas en línea estadounidense, que afectó a más de tres millones 400 mil clientes.
Pese a la notificación oficial de la administración de la plataforma sobre la filtración, el alto funcionario del espionaje alemán no cambió el número de teléfono comprometido. Bähr sostuvo inicialmente que utilizaba el dispositivo «exclusivamente con fines personales» para comunicarse con su círculo cercano, y que el aparato era revisado periódicamente en busca de programas espía.
Sin embargo, los periodistas descubrieron que el número figuraba como único contacto móvil de Bähr en un conjunto de militares y funcionarios que interactuaban con él por necesidades estrictamente profesionales, de acuerdo con las fuentes.
Seis días después de la solicitud oficial de los medios, Bähr corrigió su declaración y reconoció que sus acciones fueron erróneas. Informó que cambió el número y explicó que antes lo conservó «por circunstancias familiares».
Vulnerabilidades similares fueron detectadas en el caso de Reesink, cuyo domicilio y teléfono móvil estaban en acceso abierto en internet, y este último seguía activo el pasado mes en WhatsApp.
Además, Reesink utilizaba una aplicación de fitness de acceso público, cuyas configuraciones de privacidad permitían a cualquier usuario rastrear con precisión sus rutas.
El vicealmirante afirmó que no estaba al tanto del carácter público de esos datos y su cuenta de WhatsApp fue eliminada.
Expertos en seguridad afirman que este tipo de filtraciones son utilizadas activamente por servicios de inteligencia extranjeros para el espionaje digital, el phishing dirigido, la aplicación de métodos de ingeniería social y la introducción de programas maliciosos en dispositivos objetivo.
Según fuentes citadas por los medios, la Organización del Tratado del Atlántico Norte difundió previamente una advertencia sobre los riesgos de comprometer cuentas en los mensajeros WhatsApp y Signal.
Analistas locales en el ámbito de la ciberseguridad señalan que estas revelaciones evidencian la contradicción entre el discurso oficial de las potencias occidentales sobre seguridad y la fragilidad de sus propios protocolos internos.
En opinión de estos especialistas, la exposición de datos de altos mandos de inteligencia constituye una señal de alerta sobre la dependencia de plataformas comerciales y la falta de una cultura de protección de la información personal incluso en las estructuras estatales más sensibles.
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