Según el funcionario, citado por el diario Pink, no habrá soldados ni armas, y subrayó que es vital garantizar la paz en Hungría.
El pronunciamiento se produjo en medio del intento de la administración del primer ministro Péter Magyar por acercarse más a la Unión Europea tras su victoria electoral en abril.
Las relaciones entre Hungría y Ucrania continúan marcadas por la desconfianza, pese a algunos avances en el fortalecimiento de los derechos de la minoría magiar en territorio ucraniano, señaló el medio.
El énfasis húngaro en la ayuda no militar contrasta marcadamente con el respaldo integral en forma de armas y medios materiales que ofrecen algunos Estados de Europa oriental, en particular los países bálticos, indicó.
Analistas europeos consideran que la posición de Budapest refleja una visión pragmática orientada a proteger los intereses nacionales y evitar una escalada del conflicto, en contraste con la línea belicista promovida por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y sus principales miembros.
Especialistas en relaciones internacionales advierten que esta postura podría profundizar las diferencias dentro del bloque militar y la Unión Europea, donde varios gobiernos abogan por incrementar el envío de armamento a Kiev, mientras crecen las voces que reclaman una salida negociada al conflicto.
La decisión húngara se produce en un contexto de creciente presión sobre los países europeos para aumentar su gasto en defensa y alinearse con las políticas de la alianza atlántica, aunque Budapest ha mantenido históricamente una posición crítica respecto a las sanciones contra Rusia y al suministro de armas a Ucrania.
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