Ahora, la deuda francesa deja de constituir una simple estadística del Gobierno, para pasar a ser un elemento de presión concreta y preocupante para la estabilidad económica, cuando ya equivale al 119 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).
Eso de vivir por encima de las posibilidades económicas del país puede salir bien por un tiempo, pero llegado casi a un lustro de ese “arrastre” la rutina se convierte en preocupación, sobre todo, cuando para cumplir con parámetros europeos toca hacer recortes sensibles.
Para el cierre de junio de 2026, la deuda pública francesa se situó en tres billones 595 mil millones de euros, para convertirse así en una cifra difícil de esconder o desdeñar, pues pasa a ser un lastre a tomar muy en cuenta para el funcionamiento de este país.
Con ese volumen, el rendimiento de los bonos a 10 años rozó el cinco por ciento el pasado día 2, señala el diario Le Figaro.
Así, en apenas siete meses, el coste de referencia para la financiación francesa saltó de 3,3 a 4,99 por ciento, para colocar a París bajo vigilancia creciente de los mercados.
Ello ocurre en momentos cuando el presupuesto preparado por el Gobierno tiene escasa posibilidad de ser aprobado, en medio del crecimiento en picada del rechazo a un recorte de 55 mil millones de euros para “sanear las finanzas”.
Pero la complicación para Francia tampoco termina en los intereses de la deuda, cuando cerró 2025 con un déficit de 152 mil 500 millones de euros, equivalente a 5,1 por ciento del PIB, con una emisión de deuda estimada en 340 mil millones de euros, destaca el canal France 24.
La preocupación crece entre fuerzas políticas francesas porque solo para el pago del servicio de la mencionada deuda será necesario dedicar unos 62 mil 600 millones de euros, superior a los 50 mil 800 millones del pasado año, de acuerdo con la Agencia France Trésor.
ga/to













