Por Carmen Esquivel
Gracias a este trabajo sin fines de lucro se lograron unos 400 encuentros de jóvenes, que viven en el extranjero o acá en el país, con sus padres biológicos, declaró a Prensa Latina la vicepresidenta de la entidad, Ana María Olivares.
Explicó que hay otros que están en espera porque es muy difícil hacerles entender a los hijos que sus progenitores no los abandonaron, sino que esto fue un tráfico, un delito.
Olivares lamentó el cierre este año de la Unidad de Búsqueda de Orígenes y Familiares de Personas Afectadas por Adopciones Ilegales, Forzadas o Irregulares (Ubafi).

Desmantelaron una dependencia a la cual se le había dado presupuesto en enero y estaba recién inaugurada, dijo.
Informó que hablaron con la Subsecretaría de Derechos Humanos, pero no tienen ningún interés en reponerla.
A pesar de este revés, Hijos y Madres del Silencio continúa adelante con esta labor de buscar familias, facilitar los reencuentros y ayudar a reconstruir sus historias.
El secuestro de menores no solo ocurrió en Chile, sino también en otros países como Argentina, Perú, Bolivia, Brasil o Guatemala.
La Fundación participó en el Festival de la Música, Derechos Humanos, Democracia y Arte (MUDA), celebrado recientemente en el Estadio Nacional, lugar que se convirtió en el mayor campo de concentración luego del golpe de Estado de 1973.
En la Carpa de Pensamiento se abordaron asuntos como: Un pueblo sin memoria, es un pueblo sin futuro; Deporte y Derechos Humanos; Para salir de la barbarie; Feminismos y disidencias; Sismos Democráticos; y Migraciones y Pueblos Marginados. Los recursos generados por el encuentro se asignarán a sitios de memoria afectados por los recortes de hasta 25 por ciento propuestos por el gobierno de José Antonio Kast.
A nosotros nos parece que este evento político cultural es tremendamente importante, y la gran participación muestra que la sociedad chilena no es indiferente porque en este país son los derechos humanos los que están en juego, dijo Olivares.
Hijos y Madres del Silencio exige al gobierno el restablecimiento de la unidad de búsqueda de los menores robados y la puesta en marcha efectiva del Banco de Huellas Genéticas.
Las madres envejecen y cada año que pasa sin un sistema estatal de búsqueda, sin huellas genéticas cruzadas, sin acceso ordenado a archivos en parte destruidos por mandato legal, es un año menos para los reencuentros que todavía son posibles, advierten.
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