Lo que nació como un proyecto entre dos artistas se convirtió en una de las agrupaciones más importantes del pop mundial, con canciones que marcaron a generaciones enteras.
En 2026, Roxette celebra cuatro décadas de historia con un legado intacto, una voz ausente que sigue presente y millones de personas que inmortalizan sus clásicos como si los escucharan por primera vez.
Neverending Love fue el primer fruto y poco después llegó Pearls of Passion, un álbum debut que contenía la fórmula exacta de lo que vendría: melodías luminosas de Per y una voz capaz de pasar de la ternura al desgarro en un mismo verso.
El mundo los descubrió en 1988 con Look Sharp!. Un estudiante de intercambio llevó el disco a una emisora norteamérica y el sencillo The Look se convirtió, casi por accidente, en un fenómeno imparable.
Le siguieron Listen to Your Heart, Dressed for Success y Dangerous; Roxette ya no era un secreto: era la banda que, después de ABBA, colocó a Suecia en el centro del mapa del pop mundial.
En 1990, una de las baladas clásicas más difundidas en la actualidad fue elegida para la banda sonora de Pretty Woman: It Must Have Been Love. Bastaron unos segundos de piano y la voz de Fredriksson para convertirla en el himno de los amores que alguna vez dolieron.
La pieza fue su tercer número uno en Estados Unidos y, con el tiempo, se transformó en una de esas canciones que pertenecen a la humanidad más que a sus autores.
Luego llegó Joyride en 1991, que hasta la fecha ha vendido más de 10 millones de copias en todo el mundo y es considerado por muchos como el mejor álbum del grupo.
En aquel momento nadie lo sabía, pero Roxette estaba construyendo un legado que sobreviviría a las modas, a los formatos y al dolor.
En 2002, el diagnóstico de un tumor cerebral sacudió al universo musical; Marie Fredriksson enfrentó un tratamiento agresivo que le costó la visión del ojo derecho y, durante un tiempo, la capacidad de hablar. Para una cantante era casi una sentencia, pero ella regresó y lo hizo con la grabación del álbum en solitario The Change y el retorno de Roxette a los escenarios.
Cada aparición suya en escena fue, desde entonces, un acto de resistencia y de gratitud; su voz ya no tenía el brillo de los noventa, sin embargo, atesoraba el valor de quien canta con la certeza de que cada nota es un regalo.
Marie falleció el 9 de diciembre de 2019 a los 61 años y Per Gessle la despidió con palabras que conmovieron a admiradores y público en todo el mundo.
«Eres una música sobresaliente, una maestra de la voz, una artista increíble. Gracias por pintar mis canciones en blanco y negro con los colores más bellos», dijo el artista.
Lejos de cerrar el capítulo, Per mantuvo vivo el legado de la popular agrupación; en 2024 anunció una colaboración con la cantante sueca Lena Philipsson, quien se sumó a las giras como voz invitada.
«Marie siempre será irremplazable. “No voy a empezar un nuevo dúo, pero soy afortunado de haber encontrado una asombrosa voz y una gran artista en Lena», expresó Gessle.
En 2025, el grupo se presentó en numerosos escenarios alrededor del mundo y en cada concierto miles de personas volvieron a cantar It Must Have Been Love y otros clásicos.
Este 2026 trajo dos noticias que confirman la vigencia de la banda: It Must Have Been Love superó los mil millones de reproducciones en Spotify y entró en el «Billions Club» de la plataforma, un logro que convierte a Roxette, junto a ABBA, en el único artista sueco con una canción anterior al año 2000 en alcanzar esa cifra.
Además, se publicó la edición del 40 aniversario de Pearls of Passion, con maquetas inéditas y fotografías de archivo que devuelven al oyente al punto de partida.
Cuarenta años después de aquel primer single, Roxette sigue siendo la banda sonora de una generación que aprendió a amar y a despedirse con sus canciones.
Es la prueba de que una voz puede quedarse para siempre y la confirmación de que el amor no terminó, solo cambió de forma.
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