Tal muestra, con piezas cedidas por más de 80 prestamistas estadounidenses y de otras naciones, se trata de una oportunidad poco frecuente para reconsiderar a ambos artistas revolucionarios y observar cómo su relación se convirtió en un espacio de experimentación, apuntó el medio The New York Times.
El Met organiza la muestra con la curaduría de David Breslin y Brinda Kumar.
La propuesta, explicó el medio estadounidense, busca replantear las historias de ambos y mostrar que ninguno habría alcanzado su madurez pictórica sin el otro.
Krasner ya tenía una formación amplia en pintura moderna, cubismo y color cuando conoció la obra de Pollock en 1941, quien sería reconocido como figura clave del expresionismo abstracto.
Ese encuentro la llevó a abandonar parte de sus hábitos y a experimentar con procesos más intuitivos, incluidos los trabajos que ella llamó “losas grises”.
Pollock, nacido en la ciudad estadounidense Wyoming, había pasado por influencias como el regionalismo del pintor estadounidense Thomas Hart Benton (1889-1975), el arte nativo americano, los murales mexicanos, la psicología junguiana y Pablo Picasso.
En Springs, East Hampton, adonde la pareja se mudó en el otoño de 1945 tras casarse, ambos encontraron tiempo para avanzar.
Ella trabajó en series de pequeño formato y tramas densas; él desarrolló el goteo, el lanzamiento y el vertido de pintura sobre lienzos crudos, trabajando en grande y en el suelo.
El texto aludió a obras como Birth, Lavender Mist, Blue Level y The Seasons.
En palabras del New York Times, Krasner defendió y promovió la obra de Pollock, al tiempo que sostenía su propia práctica.
Después de la muerte de Pollock en 1956, trasladó su estudio al granero de la casa en 1957 y comenzó a pintar a una escala mayor, sobre lienzos sin preparar y con arabescos y fluidos corporales que se transformaban en plantas.
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