Uno de los cambios en el mercado laboral del país es que muchas de las personas que ingresan a la fuerza de trabajo cuentan con un mejor nivel de preparación.
De acuerdo con un informe elaborado por el Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales (OCEC-UDP), en 2010 sólo el 21,7 por ciento de la masa laboral era egresada de un centro de altos estudios, y para 2026 ese sector subió a 42,1 de cada 100.
Si bien esa es una buena noticia para el país, pues se trata de trabajadores con mayor calificación y por lo tanto con un potencial más elevado de productividad, en la práctica eso no significa mayores posibilidades de conseguir una plaza.
El Instituto Nacional de Estadísticas informó que en el trimestre móvil junio-agosto la tasa abierta de desempleo llegó hasta el 9,6 por ciento y se encadenan 44 meses consecutivos con un nivel superior a los ocho puntos porcentuales.
Ahora bien, el Observatorio del Contexto Económico señala que entre quienes culminaron la universidad o cumplieron una capacitación técnica-profesional con éxito, el desempleo también es un serio problema.
En este sector el paro subió un punto en los 12 meses recientes y se ubica en 8,3 por ciento.
Esto implica 40 mil 938 empleos menos, y un total de 356 mil 286, es decir, una tercera parte de un millón.
Igual que pasa con el desempleo general, las mujeres con educación superior llevan la peor parte, pues entre ellas la falta de trabajo afecta a 8,7 de cada 100, mientras en los hombres alcanza 7,8.
Por tramo etario la desocupación ilustrada es mayor entre los menores de 30 años.
Otra faceta del problema es que muchos graduados de estudios superiores que aparecen como ocupados, en realidad están haciendo labores por debajo de su preparación.
Según el OCEC-UDP, el subempleo por calificación ocurre cuando una persona realiza una tarea inferior a su preparación y por lo tanto genera un valor agregado menor a su potencial.
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