Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), dicha cifra constituye el nivel más bajo de la serie iniciada en 2016, cuando el gigante sudamericano contabilizó 2,1 millones de niños y adolescentes sometidos a tal condición.
La reducción acumulada en una década llegó a 28,6 por ciento, precisó la fuente.
De acuerdo con el investigador del IBGE Gustavo Fontes, la disminución observada el año pasado responde a varios factores, entre ellos las políticas públicas de combate a esa práctica, el mercado laboral y el aumento de los ingresos familiares.
Fontes señaló que programas de transferencia de renta, como Bolsa Familia, pudieron contribuir al descenso al garantizar ingresos mínimos a hogares en situación de vulnerabilidad.
También mencionó la reducción del desempleo y el crecimiento de los ingresos laborales y domiciliarios por habitante.
Sin embargo, la investigación identificó que 525 mil niños y adolescentes se encontraban en las peores formas de trabajo infantil, que incluyen actividades peligrosas o perjudiciales para la salud, el desarrollo y la integridad moral.
Ese grupo representó el 1,4 por ciento de la población de cinco a 17 años, frente al 1,5 por ciento de 2024.
Dicho problema afecta de manera diferente según la edad, y entre los niños de cinco a 13 años, unos 280 mil estaban en situación de trabajo infantil en 2025, el 1,1 por ciento de ese segmento.
En el grupo de 14 y 15 años, la cifra ascendía a 348 mil, mientras que en adolescentes de 16 y 17 años alcanzaba 871 mil.
Reportes de prensa recordaron que la legislación brasileña prohíbe el trabajo antes de los 16 años, salvo el aprendizaje desde los 14.
Para quienes tienen 16 y 17 años, existen restricciones, incluida la prohibición de realizar actividades nocturnas, peligrosas o insalubres.
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