En su página web oficial, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) publicó un informe de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios, según el cual 15,9 millones de personas siguen luchando por alimentarse en Afganistán, a pesar de la mejora de las precipitaciones y de la producción agrícola.
La pobreza, el coste de los insumos y el acceso limitado a los servicios esenciales impiden que muchas familias salgan de la crisis. Los centros de salud están registrando un aumento de los casos de desnutrición aguda grave en los niños, indica el texto.
La comida está, pero sigue fuera del alcance de millones de ciudadanos. Las lluvias y las cosechas no ponen fin al hambre: el problema ya no es solo encontrar alimentos, sino poder pagarlos, añade.
Asimismo, señala que muchos agricultores corren el riesgo de no poder comprar las semillas, los fertilizantes y otros insumos necesarios para la próxima temporada de siembra.
Además, advierte que a partir de noviembre la situación empeorará para numerosas familias, lo cual elevará a 19,2 millones el total de afectados y a cinco millones el número de aquellos que se encontrarán en situación de emergencia.
Sobre todo son los niños quienes pagan el precio de la precariedad. Más de cuatro millones de pequeños de entre seis meses y cinco años necesitarán tratamiento contra la desnutrición aguda el año que viene, afirma.
Al mismo tiempo, recuerda que alrededor de un tercio de los centros de atención nutricional cerró o suspendió sus servicios, en parte debido a recortes presupuestarios.
Esta crisis tiene otra dimensión que marcará a Afganistán mucho más allá de la próxima temporada de escasez: la exclusión sistemática de mujeres y niñas.
Las consecuencias ya se dejan sentir. El Fondo de la ONU para la Infancia advirtió recientemente que, si las restricciones actuales perduran, Afganistán podría perder hasta 20 mil maestras y cinco mil 400 profesionales de la salud de aquí a 2030, apunta el texto.
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