En el país está muy extendida la versión de que ambas especies son totalmente inofensivas, lo cual no es exacto, afirmó la veterinaria Paula Bravo, quien llamó a tomar medidas sin pérdida de tiempo en caso de una mordedura.
Tanto la de cola larga (Philodryas Chamissonis) como la de cola corta (Galvarinus chilensis) producen toxinas y están equipadas con el sistema para inocularlas cuando se sienten amenazadas, explicó la especialista.
Ambas se diferencian fácilmente por su tamaño y color, pues la primera puede llegar a medir dos metros y es de tonalidad gris oscuro, en tanto la otra no rebasa los 70 centímetros y su piel es carmelita y semeja un tablero de ajedrez.
Entre las reacciones más comunes figuran dolor, enrojecimiento e hinchazón progresiva y en casos más graves pueden comprometer una parte importante de una extremidad y provocar daños en los tejidos.
Bravo advirtió que ante una mordedura debe acudirse lo más rápido posible a un centro de atención y no tratar de aliviarse con remedios caseros porque, aunque no son mortales, los efectos pueden ser graves, sobre todo si es una culebra de cola larga.
En cuanto a su hábitat preferido, la Philondryas Chamissonis suele buscar zonas secas y áridas, como roquedales, matorrales y laderas soleadas.
La otra especie vive en zonas frías y húmedas, como matorrales espesos y sitios cercanos a fuentes de agua.
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