Desde su campaña electoral, la mandataria expresó interés por el polémico modelo de seguridad con mano dura del presidente salvadoreño, Nayib Bukele, y días antes de su partida dijo estar dispuesta construir un gran presidio de alta seguridad como el famoso Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT) de San Salvador.
Horas antes de partir la mandataria, junto al canciller Carlos Espá y los titulares del Interior, César Astudillo; Justicia y Derechos Humanos, Ernesto Álvarez; y Salud, Luis Dyer y otros funcionarios, el presidente oficialista del Senado, Miguel Torres, declaró optimista que el viaje es fundamental.
Similar criterio comparten quienes creen que la llamada mano de hierro de Bukele es la solución al desborde delincuencial que sufre Perú y Torres dijo la visita debe sacar el mayor de los provechos.
“Es un acierto que la presidenta vaya, para rescatar las mejores lecciones aprendidas de un país que ha dado un ejemplo de cómo controlar la delincuencia”, afirmó.
La mayoría de los analistas ajenos al Gobierno ve con escepticismo el viaje, como Farid Kahhat, quien señaló que “El Salvador no es un modelo replicable para el Perú” por ser una realidad muy diferente.
Añadió que el territorio de El Salvador cabe más de 60 veces en el de Perú y allí la extorsión no genera las rentas del narcotráfico o la minería ilegal, como ocurre en Perú. “No son los mismos delitos ni las mismas dimensiones; no es un modelo replicable”, dijo.
Similar enfoque planteó el periodista Jesus Verde, quien preguntó “¿qué sacamos de El Salvador, cuya población es de 6 millones de personas y que no tiene los problemas de corrupción y economías ilegales que sostienen al crimen como en el Perú?”.
El analista internacional Oscar Vidarte señaló que la importancia del viaje tiene que ver con la seguridad y la legitimidad, pues Keiko Fujimori quiere aprender lo que ha hecho El Salvador en materia de seguridad, pero acotó que ese país y Perú son realidades distintas.
Añadió que en El Salvador se habla de que el Gobierno negoció con las bandas, algo que en Perú sería imposible y Bukele, por su popularidad aquí, “puede ser fuente de legitimidad” y añadió que “a un gobierno que comienza a ser cuestionado por no tener idea que hacer con la seguridad del país, esta visita le puede dar un aire”.
El veterano exparlamentario Víctor Andrés García Belaúnde anotó que en El Salvador los integrantes de las organizaciones criminales podían ser identificados y fueron fácilmente encarcelados por sus llamativos tatuajes que hasta indicaban a qué banda pertenecían, algo que no ocurre en Perú.
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