Considerada por la crítica de su país como una obra desgarradora, la película de Diego Luna aborda el lado más oscuro de la migración por medio de Lucila, una joven mexicana que junto a su hermano menor viaja hacia España para reencontrarse con su madre.
En lugar de encontrar el mundo mejor que por regla general empuja a las personas a cruzar las fronteras, chocará con la discriminación, la soledad, angustia y la pérdida.
Basada en la novela homónima de Branda Navarro, la cinta hace una lectura cruda y fuerte del desarraigo, con una fotografía capaz de crear escenarios grises y desolados, cargados con una tristeza permanente.
En Ceniza en la boca, dice el crítico mexicano Alejandro Ávila, la migración, lejos de representar una oportunidad de salvación, se convierte en otra forma de enfrentarse al abandono y la incertidumbre.
Otro drama presente en la competencia internacional de Sanfic es la película A Happy Family (Una familia feliz), de Suiza, acerca de Niki, madre de dos hijos, con dos trabajos y siempre sin dinero.
Después de un incendio sus niños son enviados a un hogar de acogida y cuando se le prohíbe tener contacto con ellos, adopta una nueva identidad para mantenerse cerca.
La coproducción de Costa Rica, Perú, Panamá, Chile y México “Amor es el monstruo” narra la historia de una abuela que busca pasar el tiempo que le queda lo más cerca posible con su nieta, pero una serie de acontecimientos imprevistos la enfrenta a decisiones drásticas.
El festival Sanfic nació en 2005 gracias al esfuerzo conjunto de la Fundación CorpArtes y la productora Storyboard Media.
Su objetivo es promover, difundir y dar acceso a producciones nacionales e internacionales de alta calidad al público chileno y tras sus 21 años de historia se convirtió en una plataforma importante en la región.
Hasta el año pasado tenía lugar durante el mes de agosto, sin embargo, sus organizadores decidieron trasladarlo a noviembre para no chocar con otras muestras internacionales y buscar un calendario más favorable.
De esta manera facilita la llegada a Chile de obras que fueron estrenadas o compitieron en festivales europeos, como Venecia y San Sebastián, por ejemplo.
Además, aprovecha la primavera santiaguina para potenciar actividades al aire libre, como encuentros de realizadores con el público.
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