El cráter expulsó cenizas y dióxido de azufre y en esta jornada se midieron altos niveles de contaminación en la esquina suroriental de la isla, donde está enclavada esta capital, según Agencia Islandesa para el Medio Ambiente y la Energía.
En varios puntos se detectaron concentraciones de entre 50 y 150 partículas finas en suspensión, lo que se corresponde con un nivel de calidad del aire “muy malo”, de acuerdo con la página web de la citada agencia.
Los ciudadanos en las zonas afectadas recibieron la alerta de limitar las actividades al aire libre y a estar pendientes de cualquier síntoma demostrado por individuos vulnerables como niños o personas con problemas cardiorrespiratorios.
En tanto las autoridades también recomendaron no dejar a bebés durmiendo al aire libre en sus carritos y no encender el aire acondicionado.
Está previsto que esta noche se intensifiquen los vientos, lo que podría ayudar a disipar la nube de cenizas y dióxido de azufre, según informó la cadena pública RUV.
La erupción del cráter Sundhnúk, en la península de Reykjanes, es la duodécima que se produce en los últimos cinco años, comenzó el pasado miércoles y estuvo precedida de una intensa sucesión de pequeños terremotos y una lluvia de magma.
El hecho obligó a evacuar la Laguna Azul, uno de los principales atractivos turísticos de Islandia, y el campin de Grindavík, aunque la lava no llegó a amenazar ninguna infraestructura.
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