Los esfuerzos por aliviar esa situación son hasta ahora insuficientes, ante la carga extralaboral administrativa que enfrentan esos docentes, mientras los sindicatos piden acciones urgentes, añade un informe del Centro de Investigación y Docencia en Educación de la Universidad Nacional (Cide).
«Las decenas de miles de víctimas de esos problemas en el MEP trabajaron con nombramientos interinos durante años, y resultaron dañados por el estrés y el llamado síndrome del trabajador quemado (burnout, en inglés), lo cual impactó su estabilidad y bienestar», explica el estudio.
Muchas personas “opinan sin siquiera saber que no es solo trabajar con los muchachos, niños y niñas en las aulas en los casos de los puestos docentes, sino que es también todo un trabajo administrativo adicional”, explica el informe del Cide.
Según la Organización Mundial de la Salud -recuerda el documento- el síndrome genera un estrés crónico caracterizado por tres dimensiones: sentirse exhausto o completamente drenado de energía, reducción en la eficacia profesional e incremento en el distanciamiento mental respecto a sus labores.
«Prioritariamente, tenemos que estar llenando documentos y papeles, en lugar de enfocarnos en diferentes metodologías o didácticas más llamativas, atractivas, entre otras ocupaciones que requieren también de tiempo», lamentó la sindicalista Vivian Chaves.
“La carga administrativa –subrayó- implica que las personas docentes pierdan el foco en lo verdaderamente importante: la enseñanza en el aula”.
El análisis del Cide estima necesaria «una política pública clara de dignificación profesional para garantizar las condiciones de sus agremiados que los obligue a un reposo médico».
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