Al menos, en el cierre trascendió un aliciente con el anuncio desde Europa de un acuerdo comercial entre Mercosur y la Unión Europea, impulsado durante el último año por el presidente Luiz Inacio Lula Da Silva, que generó expectativas en este país, Brasil, Paraguay y Uruguay.
La quema de banderas norteamericanas y de muñecos del Tío Sam, símbolo de Estados Unidos, volvieron a las calles cuando el sábado y lunes últimos miembros de más de medio centenar de organizaciones políticas, sindicales, estudiantiles y defensoras de los derechos humanos protestaron frente a la embajada norteamericana en Buenos Aires.
Congresistas argentinos sumaron sus firmas a una declaración de parlamentarios de Latinoamérica y de otras partes del mundo, iniciativa de legisladores colombianos, de condena a la agresión contra Venezuela, el secuestro de su legítimo presidente, Nicolás Maduro, cuya liberación exigen y también que Washington respete la ley internacional.
Ese ataque “abre una etapa muy peligrosa en la región”, advirtió el diputado argentino Horacio Pietragalla, uno de los firmantes.
Tal acción es clara evidencia de la política del Gran Garrote que “nos hace pensarnos como vulnerables al resto de los países de la región”, opinó el legislador de Fuerza Patria (FP).
Tras manifestar indignación y alarmar, su colega en el bloque peronista Hugo Yaski advirtió que “la agresión significa introducir en América Latina que siempre fue una región de paz la expresión más triste de la guerra, que es la de una potencia contra un pueblo en asimetría total”.
Esa invasión –sostuvo- “viola la Carta de las Naciones Unidas, transgrede el principio de la no intervención y fundamentalmente para los latinoamericanos significa el reinicio de un olvidado periodo de coloniaje, de saqueo que no podemos permitir”.
En el plano económico, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires confirmó lo que se esperaba: la inflación volvió a subir por octavo mes consecutivo en diciembre cuando marcó 2,7 por ciento para un acumulado anual de 31,8 por ciento.

Incrementos en alimentos básicos, servicios públicos, transporte, alquileres y la salud fueron las causas del aumento que augura un alza también a escala nacional, subas que continuaron en la primera semana de enero.
El desplome en noviembre –último dato relevado- de la industria y la construcción, dos renglones claves que evidencian el desempeño de la economía de un país, reafirma la advertencia de economistas que Argentina atraviesa una fase recesiva pese a los esfuerzos del gobierno de pintar otro panorama.
La producción industrial cayó 8,7 por ciento, el peor registro desde mediados del primer año de la gestión de Javier Milei.

Al comparar con noviembre de 2024, que fue el pico de la era Milei, las mermas más relevantes se registraron en Textiles, prendas de vestir, cuero y calzado (-22,7 por ciento), Automotores y otros equipos de transporte (-20,7 por ciento) y Productos de metal, maquinaria y equipo (-18,2 por ciento), donde tienen un peso significativo los electrodomésticos.
Paralelamente al desplome industrial, el sector constructivo también decayó 4,1 por ciento en noviembre, la peor baja en más de un año, según refleja el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción.
En medio de esas noticias, la administración de Milei le pagó el viernes cuatro mil 300 millones de dólares al Tesoro de Estados Unidos por el “salvataje” que le brindó para ayudar al oficialismo a ganar las elecciones legislativas de octubre y mantenerlo a flote. Y para poder saldar, pidió más préstamos a organismos internacionales; o sea, pagó deuda contrayendo más deuda.
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