Según argumentó el mandatario, los terroristas del 14 de diciembre en Sídney tenían odio en la mente, pero armas en las manos y ambos problemas deben abordarse desde la ley.
El jefe de Estado anunció que el gobierno introducirá una legislación para calificar de “grave” los delitos de odio, creará un nuevo delito por incitar al odio con el fin de intimidar o acosar, y planea establecer un programa nacional de recompra de armas.
Además, presentará propuestas de cambios para fortalecer las leyes sobre discursos de odio y concederá al ministro del Interior el poder de incluir organizaciones en la lista de “grupos de odio prohibidos”.
Como consecuencia, será ilegal unirse, apoyar, reclutar, recaudar fondos o recibirlos de los grupos prescritos.
Queremos garantizar que Australia siga siendo una sociedad donde todos tengan derecho a estar orgullosos de quienes son y también queremos dejar claro que cualquier conducta odiosa, peligrosa y divisiva será ilegal, aseveró Albanese al justificar su convocatoria anticipada al Parlamento.
Un estimado de dos mil personas se encontraban en la popular playa de Bondi el día del ataque terrorista, la mayoría perteneciente a la comunidad judía, para participar en la celebración de Janucá.
La Policía australiana presentó a Naveed Akram y a su padre, Sajid Akram, como los únicos responsables del atentado y expuso el hallazgo de varias banderas del Estado Islámico en la camioneta de los atacantes.
Sajid, de 50 años, murió abatido por agentes, mientras que su hijo Naveed, de 24 años, permanece detenido y ahora enfrenta 59 cargos penales, entre ellos, 15 por asesinato y uno por terrorismo.
Más de 40 personas sufrieron heridas, durante la masacre, en el balneario más popular de Australia.
Entre las 16 víctimas mortales figuran una niña de 10 años, un rabino y un sobreviviente del Holocausto.
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