Mientras decenas de heridos reciben atención médica, las autoridades intensifican las operaciones entre toneladas de escombros, en un terreno inestable y marcado por el riesgo de nuevos derrumbes.
Las labores se complican también por la presencia de gases como acetileno, lo que obligó a reforzar el perímetro de seguridad.
Para avanzar en la excavación, las autoridades desplegaron una grúa de 50 toneladas y más de 300 funcionarios participan en la emergencia, pese a que la esperanza de encontrar seres con vida ha disminuido con el paso de los días.
El Departamento de Medio Ambiente y Recursos Naturales ordenó este martes el cierre inmediato del vertedero y anunció una investigación “exhaustiva e imparcial” para determinar responsabilidades.
Las intensas lluvias de los últimos días agravaron la vulnerabilidad del terreno, receptor de unas mil toneladas de residuos diarios.
El vertedero, gestionado por el sector privado, ya había registrado deslizamientos previos sin víctimas mortales.
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