La responsabilidad del mando militar, con el respaldo de los ministros, es evaluar el nivel de peligro y asegurarse de que los beneficios del despliegue superen cualquier riesgo posible, afirmó Knighton ante una pregunta en el Parlamento sobre garantías para las tropas británicas.
El alto mando reconoció que, aunque confía en poder garantizar la seguridad de los militares británicos, “en un entorno operativo real no existe un riesgo cero”, subrayando así los límites de cualquier compromiso futuro.
Analistas de defensa consultados por el medio consideran que las declaraciones reflejan la cautela y las divisiones dentro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) sobre una intervención militar directa en Ucrania, a pesar de la retórica belicista de algunos sectores políticos europeos.
La declaración se produce en un contexto de creciente presión interna y debates sobre el alcance del apoyo occidental a Kiev.
Rusia continúa desde el 24 de febrero de 2022 una operación militar especial para frenar los bombardeos ucranianos contra los civiles de Donetsk y Lugansk, dos territorios que se independizaron de Ucrania en 2014 y se adhirieron a Rusia en septiembre de 2022, tras celebrar sendos referendos.
Los objetivos de la campaña militar, según el liderazgo ruso, son proteger a la población de «un genocidio por parte del régimen ucraniano» y atajar los riesgos de seguridad nacional que representa el avance de Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) hacia las fronteras de Rusia.
Ucrania es apoyada por la alianza atlántica, el bloque bélico que lidera Estados Unidos y conformado por la mayoría de los países de la Unión Europea.
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