La temporada colocó a los también llamados Azucareros frente a una paradoja casi imposible: tras cerrar el calendario regular con nueve juegos pendientes, estaban obligados a ganarlos todos para llegar a 40 victorias, relegar a Pinar del Río y colarse en el último pasaje hacia los playoffs.
Bajo la conducción de Ramón Moré, Villa Clara encadenó seis triunfos consecutivos y convirtió cada salida al terreno en un examen final. El trayecto no estuvo exento de matices: Las Tunas, ya clasificado, priorizó resguardos; Granma llegó eliminado y con bajas sensibles; y Camagüey arribó a Santa Clara sin opciones ni varias de sus principales figuras.
Pero el béisbol no concede indulgencias. En la jornada de ayer, los Leopardos descargaron un vendaval ofensivo y noquearon 12-2 a los Toros, en un partido que resolvieron temprano y ampliaron sin titubeos. El ataque constante, apoyado en paciencia en el plato y batazos oportunos, selló una victoria que los dejó con 37 éxitos y la fe intacta.
Hoy, el escenario se repite, aunque la presión se multiplica. Ante los Toros, en su cuartel general, Villa Clara saldrá otra vez a jugar con la soga al cuello, consciente de que cada inning puede ser frontera entre la hazaña y el silencio. En Santa Clara, el rugido no se apaga: aún queda camino, y los Leopardos se resisten a caer.
mem/blc













