El agente secreto, entre el hito histórico y el orgullo nacional

El agente secreto nominado al Oscar
Brasilia, 22 ene (Prensa Latina) Las cuatro nominaciones a los Premios Óscar conseguidas hoy por la cinta El agente secreto marcan un hito histórico para el cine brasileño y refuerzan el orgullo nacional por la cultura del gigante sudamericano.

Por Martha Andrés Román

Tras conocerse que el largometraje dirigido por Kleber Mendonça Filho competirá en esos lauros en las categorías de Mejor Película, Mejor Película Internacional, Mejor Actor y Mejor Reparto, las redes sociales y los medios de comunicación se llenaron de mensajes de celebración y reconocimiento.

Una de las primeras figuras en reaccionar a la noticia fue el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien, con varios mensajes en Instagram, no escatimó elogios para todo el equipo involucrado en esta obra, que ya acumula una larga cadena de éxitos.

Hasta la fecha, El agente secreto suma más de medio centenar de premios en 37 certámenes, entre ellos el Festival de Cannes, el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, los Premios del Círculo de Críticos de Cine de Nueva York y los Globos de Oro.

Ahora, empata el récord de Ciudad de Dios (2002) como el filme brasileño con más candidaturas a los Óscar, pero, más allá de las cifras y los galardones, el impacto de la película reside en su capacidad de convertirse en un símbolo.

Para amplios sectores de la sociedad brasileña, el reconocimiento de la Academia de Hollywood confirma que el cine nacional atraviesa un momento de madurez creativa y proyección internacional, tras los recortes presupuestarios y discursos oficiales hostiles a la cultura registrados durante el gobierno de Jair Bolsonaro (2019-2023).

En ese sentido, El agente secreto no aparece como un hecho aislado, sino como parte de una trayectoria ascendente que tuvo otro momento cumbre reciente con Todavía estoy aquí, galardonada en los Óscar del pasado año como Mejor Película Internacional.

Ambas producciones consolidan una narrativa en la que el cine brasileño dialoga con el mundo, sin renunciar a su identidad ni a los conflictos de su historia.

Uno de los elementos que explica la fuerte resonancia de El agente secreto es su abordaje de los años de la dictadura militar (1964-1985), un período que sigue generando debates, heridas abiertas y disputas por la memoria.

En un contexto regional e internacional marcado por el avance de discursos autoritarios y la relativización de las violaciones a los derechos humanos, estas películas funcionan como ejercicios de memoria colectiva y advertencia histórica.

Los hechos narrados por Mendonça Filho conversan con el presente: hablan de vigilancia, miedo, silencios impuestos y resistencias individuales, temas que encuentran eco en una sociedad que vivió, hace poco tiempo, intentos de reescritura del pasado y ataques a las instituciones democráticas.

De hecho, varios usuarios de redes sociales resaltan el éxito actual de El agente secreto como una muestra de justicia poética, al retomar rumores sobre un supuesto boicot de Bolsonaro contra una película anterior de Mendonça Filho, Bacurau (2019), para impedir su llegada a los Premios Óscar.

Más allá de la veracidad de esos comentarios, lo cierto es que durante el gobierno del exmandatario de extrema derecha, el director y la producción de Bacurau criticaron abiertamente las políticas culturales de Bolsonaro, que incluyeron recortes a fondos públicos para el cine y denuncias de desmantelamiento de apoyos institucionales al sector audiovisual.

El contraste con el momento actual resulta aún más notorio si se recuerda que, después de que Bacurau y La vida invisible de Eurídice Gusmão recibieran premios en Cannes, ninguno de los cineastas involucrados fue felicitado por el Ejecutivo brasileño de entonces.

A través de un video compartido en redes tras las nominaciones de este jueves, el realizador afirmó que El agente secreto es una combinación de muchos factores, entre ellos las políticas públicas, a las que definió como una forma de invertir en la identidad del país.

“Con políticas públicas para las artes, para la expresión artística, realmente creo que la población de nuestro país comienza a verse a sí misma, y eso es muy interesante y muy importante cuando te ves a ti mismo”, destacó.

Al mismo tiempo, la cadena de éxitos recientes no solo reafirma el talento artístico brasileño, sino que también demuestra la potencia política y cultural del cine como herramienta de reflexión.

La llegada de El agente secreto a los Óscar, como ocurrió en 2025 con Todavía estoy aquí, consagra una obra que combina calidad estética, compromiso histórico y capacidad de interpelar a públicos diversos.

ro/mar

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