En una entrevista concedida al canal turco NTV, Fidan subrayó que los países del Medio Oriente no desean una nueva guerra que profundice la inestabilidad, especialmente cuando aún persisten las consecuencias de los conflictos en Siria e Irak.
Al referirse a las protestas registradas en Irán, el canciller turco señaló que el país ha atravesado episodios similares en el pasado, con manifestaciones de gran magnitud en determinados momentos.
Indicó que existe un fuerte descontento popular vinculado a las dificultades económicas, agravadas por años de sanciones internacionales.
Fidan explicó que las restricciones impuestas a las exportaciones de petróleo redujeron de manera significativa la capacidad financiera de Irán, lo que limita sus márgenes de maniobra para superar la crisis económica.
En ese contexto, consideró que presentar las protestas únicamente como un movimiento dirigido a derrocar al régimen no refleja de manera fiel la complejidad de la situación interna iraní.
Las protestas son reales y sus demandas deben ser escuchadas, afirmó el jefe de la diplomacia turca, aunque advirtió que existen zonas grises y actores superpuestos que requieren un análisis cuidadoso.
Asimismo, expresó su convicción de que los países extranjeros no lograrán los objetivos que esperan a partir de estas manifestaciones.
El ministro señaló que Teherán considera posible alcanzar un entendimiento con Estados Unidos en torno al expediente nuclear, pero denunció que Washington introduce otros asuntos adicionales en la agenda de negociación.
En relación con la intervención extranjera, Fidan sostuvo que Ankara no desea la apertura de un nuevo foco de conflicto en la región. No queremos abrir una herida profunda cuando apenas comenzamos a sanar las de Siria e Irak, afirmó, al tiempo que aseguró haber transmitido a las autoridades iraníes la posición de Türkiye como nación amiga.
Las protestas en Irán estallaron a finales de diciembre de 2025, motivadas por la devaluación de la moneda nacional y el deterioro de la situación económica. Las manifestaciones comenzaron en Teherán, se extendieron a otras ciudades y se prolongaron durante más de dos semanas.
En medio de una creciente presión de Estados Unidos y su aliado Israel, Irán ha acusado a Washington de utilizar sanciones, presiones políticas y el fomento de la agitación interna como pretexto para una eventual intervención militar y un cambio de régimen.
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