Swiatek, número dos del mundo convirtió la pista central en su territorio sagrado y desmanteló sin contemplaciones a una rival que había encarnado una de las sorpresas del torneo, pero que terminó atrapada bajo su telaraña de precisión.
La polaca se impuso con parciales de 6-0 y 6-3, en un duelo donde el marcador apenas insinúa la magnitud del dominio. Con un 56 por ciento de efectividad en el primer servicio y cinco quiebres en seis oportunidades, la europea tejió un partido de ritmo constante, sin grietas, como una sinfonía interpretada sin notas falsas.
“Tuve mucha confianza desde el comienzo del partido”, confesó Swiatek al concluir el encuentro ante Inglis, número 168 del ranking, quien apenas pudo celebrar con júbilo desbordado su primer juego ganado, ya en el segundo set, alzando los brazos como quien conquista una colina en medio de una guerra perdida.
Pero la reacción fue inmediata. Swiatek ajustó el pulso, volvió a imponer su ley desde el fondo de la cancha y cerró el duelo con serenidad, aunque antes permitió que su rival se llevara dos juegos más, pequeñas concesiones en una batalla decidida desde el primer golpe.
Seis veces campeona de torneos de Grand Slam, la polaca persigue en Melbourne el único trofeo mayor que falta en su vitrina y el miércoles afrontará una prueba de fuego ante la kazaja Elena Rybakina, quinta del mundo, con el objetivo de igualar su mejor resultado en Australia, las semifinales alcanzadas en 2022 y 2025.
Swiatek, exnúmero uno del ranking durante 125 semanas y dueña de una carrera histórica para el tenis polaco, volvió a demostrar que no solo juega para ganar partidos, sino para escribir capítulos de dominio en la memoria del deporte.
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