El acto conmemorativo se celebró en el Parque Agramonte, corazón de esta urbe y antigua Plaza de Armas, donde precisamente fueron ahorcados los ocho hombres negros. La ceremonia incluyó una representación del Ballet Folclórico de Camagüey, con toques de tambor batá en memoria de los mártires.
Las palabras estuvieron a cargo de Oreydis Pimentel, especialista de la Casa de la Diversidad Cultural de Camagüey, una región clave en la formación de la nacionalidad cubana. Pimentel subrayó la importancia de rescatar estas figuras opacadas por la historia oficial.
“En el caso de Aponte hay un amplio rescate de la figura como líder negro”, explicó el especialista. “Realmente en la historia de Cuba había sido un poco opacado, mencionado solo como un ejemplo de rebeldía”.
José Antonio Aponte, líder de la conspiración independentista de 1812, es reivindicado no solo por su rebeldía, sino por una visión de patria que trascendía la simple abolición. Su movimiento se extendió desde La Habana hasta Camagüey, entonces Puerto Príncipe.
Lejos del centro de poder habanero, en Camagüey se ejecutó el 29 de enero de 1812 a ocho negros vinculados a la conspiración. “Se hizo esta ejecución pública como escarmiento”, relató Pimentel, basándose en documentos históricos del archivo provincial.
Entre los ejecutados había seis mandingas, un carabalí y un congo, cuyos nombres fueron reseñados: José Miguel González, Calixto Gutiérrez, Pedro, Pablo, Manuel, Bartolomé y José. Sus apellidos, como Montalbán, a menudo eran los de sus antiguos amos.
Pimentel destacó que la trama fue descubierta en Puerto Príncipe debido a una delación entre etnias, explotando las divisiones fomentadas por el sistema colonial de cabildos de nación. Este hecho revela las complejas dinámicas sociales de la época.
Como gesto de reparación histórica, desde hace algunos años una tarja en una esquina del Parque Agramonte recuerda los nombres de estos “mártires de la independencia de Cuba”. El lugar sirvió durante siglos como escenario de acontecimientos públicos.
A diferencia de otras revueltas esclavas que buscaban el retorno a África, Aponte “ya consideraba a Cuba como su patria”, enfatizó Pimentel. Este pensamiento lo vincula directamente con el concepto posterior de cubanía, una identidad inclusiva y nacida en la lucha.
El homenaje, según el especialista, se enmarca en una búsqueda cultural contemporánea por rescatar las raíces africanas y negras como componentes esenciales de la nacionalidad cubana. Es un acto de memoria contra el olvido.
Este rescate de figuras como Aponte y los ejecutados de Camagüey fortalece, desde una mirada internacional, la comprensión de Cuba como una nación forjada en el mestizaje y la resistencia antiesclavista, pilares de su identidad.
Este acto de memoria subraya que la independencia de Cuba no se concibe sin el sacrificio de sus pobladores africanos y sus descendientes.
La Conspiración de Aponte, con sus ramificaciones en Camagüey, representa un antecedente fundacional donde la lucha por la libertad y la justicia social comenzó a tejer el concepto de nación, mucho antes de las guerras independentistas del siglo XIX.
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