Por Boris Luis Cabrera
El mítico número 11, torpedero de leyenda convertido ahora en arquitecto del destino ajeno, asume la misión con la serenidad de quien ha caminado por múltiples diamantes a lo largo de su fructífera vida deportiva.
“Ha sido una tarea bastante difícil”, confiesa en exclusiva a Prensa Latina, consciente de la complejidad que ha implicado armar el plantel entre calendarios cruzados, ausencias inevitables y la urgencia de formar una identidad común. Empezaron con apenas 18 hombres, y el grupo se ha ido completando “sobre la marcha”, como una nave que se construye mientras ya está en altamar.
Para Mesa, el torneo que se disputará del 5 al 13 de febrero próximos, no es una meta aislada, sino un preámbulo estratégico: un ensayo general para el Clásico Mundial de marzo, la verdadera cumbre del calendario.
“No va a estar el 100 por ciento de los jugadores”, reconoce, pero insiste en que llegarán en forma. Algunos vienen “calientes” de los playoffs, otros arrastran semanas de preparación. La mezcla, dice, es parte del reto y también de la esperanza.
Sin embargo, el Mago no viaja a participar: viaja a competir. “No me gusta ir a los torneos a participar, yo quiero ir a discutir, vamos por una medalla”, sentencia, con ese tono que mezcla desafío y fe.
Su filosofía es clara y casi herética: no siempre gana el mejor, gana el que mejor juega. Por eso los entrenamientos son distintos, más cercanos a la realidad del juego, más enfocados en roles, en funciones, en convertir talento disperso en maquinaria colectiva. El equipo por encima del brillo individual, dice.
Mesa, de 58 años, dirigirá al equipo Cuba al menos hasta 2028, con la responsabilidad de comandarlo en los principales certámenes internacionales. Ya fue coach de banca en el Clásico Mundial de 2023, donde la selección alcanzó un histórico cuarto lugar, y repitió en el Premier 12.
Antes, como estratega, llevó a Industriales a su última corona en 2010 y conquistó cuatro títulos en Nicaragua, además de subtítulos en México y Panamá. Hoy, desde su cargo de vicepresidente de la Federación Cubana, observa más de lo que ordena, aprende más de lo que impone.
A veces, cuando se coloca el guante, confiesa que todavía siente el llamado del terreno, pero ya no corre: ahora enseña. Y en su mensaje final se define como un salmón que nada contra la corriente.
Sabe que no hay súper estrellas, que no hay promesas fáciles. Solo hombres con deseo, actitud y una fe casi obstinada. “Mi filosofía es mentalidad y actitud de vencedor”, repite. En febrero, en Venezuela, esa fe tendrá su primera prueba de fuego. Cuba no viaja con certezas, pero sí con una brújula: Germán Mesa.
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