Sin sorpresas y sin siquiera subir a la tribuna de la Asamblea Nacional, el mandatario despejó el camino para la aprobación de un presupuesto que no pudo pasar en diciembre por la crisis política que impera en suelo galo, norma que solo tiene ahora por delante el obstáculo de la censura, al que los entendidos otorgan pocas opciones de éxito.
Se espera que la izquierda, sin el apoyo de los socialistas, y la extrema derecha representada por el partido Agrupación Nacional (RN) introduzcan nuevas mociones para tratar de derrocar al Gobierno.
El primer ministro ya había usado este mes el 49.3 para imponer las partidas de “ingresos” y “gastos” del presupuesto, lo cual provocó intentos de censura desde La Francia Insumisa y RN, dos en cada caso, pero la cámara baja rechazó los cuatro recursos, gracias a la decisión de los socialistas de no acompañarlos.
Lecornu esgrimió la responsabilidad del Gobierno con dotar al país de la Ley de Financiación del Estado ante el bloqueo opositor, rompiendo su promesa de que no acudiría al polémico artículo de la Constitución.
Por su parte, fuerzas como los insumisos y RN acusan al Gobierno de promover la austeridad, y no ocultan sus intenciones de derribarlo con la mira en conseguir elecciones anticipadas, ya sea legislativas o presidenciales.
La ministra de Cuentas Públicas, Amélie de Montchalin, reconoció que se trata de un presupuesto imperfecto, aunque al mismo tiempo lo consideró útil para los franceses.
Según las previsiones, la Asamblea Nacional debe analizar las mociones de censura el lunes, y si se confirma el rechazo a las mismas, la Ley de Financiación del Estado quedará adoptada.
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