Un estudio de la fundación italiana Opénpolis, dedicada a recopilar, datos y presentar informes sobre política, administración pública y temas sociales, apunta que esa cifra es similar a la de 2024, aunque representa un descenso respecto a las reportadas en 2023 y 2022, cuando los porcentajes fueron de 16,1 y 19,0 puntos respectivamente.
Sin embargo, el problema sigue siendo muy grave, y dentro de las naciones de la Unión Europea (UE) este país se ubica solo detrás de Rumanía, con una tasa del 19,4 por ciento, y es seguida por Lituania y Grecia, con 14,7 y 14,2 puntos porcentuales, respectivamente, mientras que la media regional es del 11,0 por ciento.
En Italia la mayor incidencia se alcanza en las ciudades y las zonas urbanas más densamente pobladas, donde supera el 16,0 por ciento, mientras que en los municipios de densidad media es de 14,7 puntos porcentuales y en las comunidades rurales el porcentaje se reduce a14,4 puntos, precisa el documento.
Los valores más altos de Jóvenes Ni-Ni en esta nación europea se aprecian en las ciudades sureñas de Catania, Palermo y Nápoles, con 35,4; 32,4 y 29,7 puntos porcentuales, respectivamente.
Las periferias urbanas y las áreas metropolitanas se ven especialmente afectadas debido a la concentración del desempleo, la precariedad laboral y la menor oferta formativa, aprecian los expertos.
Entre los principales factores de riesgo que inciden en este fenómeno se encuentra el bajo nivel educativo de muchos jóvenes italianos, con una calificación que no se corresponde con las competencias reales y conlleva a una falta de oportunidades dentro del sistema educativo, apunta el texto.
La incorporación temprana al mercado laboral sin la calificación adecuada, a menudo en sectores inestables como el turismo y la construcción, expone a los jóvenes a trayectorias laborales fragmentadas y vulnerables, agrega la fuente.
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