Las conversaciones se desarrollan en un contexto de marcada tensión entre ambas partes y de un refuerzo del despliegue militar estadounidense en la región, en medio de advertencias y amenazas cruzadas.
El proceso es auspiciado por Omán y está presidido por su ministro de Asuntos Exteriores, Badr bin Hamad al-Busaidi. La delegación iraní está encabezada por el canciller Abbas Araqchi, mientras que Estados Unidos está representado por el enviado especial del presidente Donald Trump para Oriente Medio, Steve Witkoff.
Por la parte iraní participan además el viceministro de Asuntos Políticos, Majid Takht-Ravanchi; el viceministro de Asuntos Económicos, Hamid Ghanbari, y el portavoz de la Cancillería, Esmail Baghaei. La delegación estadounidense incluye también a Jared Kushner, asesor presidencial y yerno de Trump.
Las negociaciones de Mascate retoman un proceso que debía iniciarse en junio de 2025, pero quedó suspendido tras los ataques aéreos lanzados por Washington e Israel contra instalaciones nucleares, militares y de seguridad iraníes, que causaron la muerte y heridas a cientos de personas, incluidos altos funcionarios.
Esta nueva ronda tiene lugar en medio de una creciente militarización estadounidense en Oriente Medio y de reiteradas amenazas israelíes de atacar a Irán para forzarlo a poner fin a sus programas nuclear y de misiles, así como a su respaldo a fuerzas aliadas en la región.
Teherán sostiene que Estados Unidos e Israel buscan pretextos para una intervención militar y un cambio de régimen, y ha advertido que responderá a cualquier agresión, incluso limitada. Al mismo tiempo, insiste en que cualquier acuerdo debe incluir el levantamiento de las sanciones económicas occidentales.
El enriquecimiento de uranio y la retirada del material altamente enriquecido del territorio iraní figuran entre los principales puntos de fricción. Irán exige el levantamiento de las sanciones a cambio de limitar su programa nuclear de manera que excluya la fabricación de armas atómicas.
En contraste, Washington reclama el cese total del enriquecimiento de uranio, la salida de las reservas existentes y la inclusión en la agenda del programa de misiles iraní y del apoyo de Teherán a grupos armados regionales.
Irán, por su parte, ha reiterado que solo negociará sobre su programa nuclear y rechaza cualquier intento de ampliar el alcance de las conversaciones.
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