Por Boris Luis Cabrera, enviado especial
El estadio, casa natural de los Leones de Caracas y con más de 10 mil testigos, parecía un templo en conflicto: las gradas divididas entre la nostalgia y la herejía, viendo a uno de sus ídolos vestir los colores de las Aguilas Metropolitanas de Panamá para ejecutar la faena histórica.
Noriega, 35 años y 14 temporadas defendiendo la camiseta melenuda, regresó al escenario de sus gestas, pero esta vez como refuerzo de las Águilas, campeones defensores del torneo.
Y no volvió en silencio. El antesalista se fue de 5-4, con tres dobles y cuatro carreras impulsadas, en una jornada que fue concierto de madera y sentencia de hierro. Cada swing parecía una página arrancada de la historia reciente del béisbol venezolano, cada conexión una herida abierta en el casco de la Nave Turca, eterna rival de sus Leones.
El batazo que volteó la noche llegó como relámpago: doblete ante Raffi Vizcaíno, con las bases cargadas, para cambiar la pizarra y encender la remontada panameña, que terminó sellada con triunfo 8-7. Fue entonces cuando el Monumental, acostumbrado a vitorear al “Nori”, quedó atrapado en una paradoja: aplaudir al héroe mientras veía caer a los suyos.
“Contento por la oportunidad que me dieron de poder representar a Panamá y voy a tratar de ayudarlos a ganar este campeonato de nuevo”, había declarado Noriega a medios locales unas horas antes, consciente de que su figura ya no pertenece a una sola bandera.
El propio jugador confesó después que la noche tuvo un sabor agridulce. “Me siento muy bien jugando en este estadio. Un poco triste porque no estoy con Leones aquí, pero es un trabajo y es lo mismo: dar el 100 por ciento siempre para ayudar al equipo a ganar”, dijo a medios locales, con la voz templada entre la gratitud y la melancolía.
Así, el león se transformó en águila, el ídolo en verdugo, y la Nave terminó hundida por uno de los suyos. En Caracas, donde la memoria pesa más que los colores, Gabriel Noriega escribió una de esas historias que solo el béisbol permite: la del héroe que regresa a casa para conquistarla desde el bando contrario.
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