El texto pasó en su segunda lectura por la cámara baja, donde había sido aprobado a finales de mayo del año pasado por amplio margen.
Sin embargo, el 28 de enero el Senado, controlado por la derecha tradicional, rechazó la iniciativa que cuenta con el respaldo gubernamental.
Las discusiones de ayer incluyeron la adopción de una enmienda que condena el hecho de que una o varias personas presionen a otra para que recurra a “la ayuda a morir”, recurso que el texto fija condiciones para su activación.
En ese sentido, la norma condiciona la eutanasia a requisitos como ser mayor de 18 años para solicitarla, de nacionalidad francesa y residente estable en el país, padecer una enfermedad grave e incurable, bajo sufrimiento físico o psicológico, y presentar la condición de jurídicamente apto.
Un momento particularmente solemne se produjo anoche en la culminación de los debates, cuando el diputado Olivier Falorni, autor del proyecto, leyó una carta recibida de Elisabeth Badinter, viuda de Robert Badinter, ministro que abolió la pena de muerte en suelo galo en 1981.
En la misiva aseguró que jamás su esposo vinculó la pena capital y “la ayuda a morir” y que si estuviese en el Parlamento, su voto sería favorable.
“Pretender lo contrario sería una traición a su pensamiento y memoria”, escribió en alusión al intento de detractores de la ley de usar a Robert en su oposición.
La presidenta de la Asamblea Nacional francesa, la diputada oficialista Yaël Braun-Pivet, consideró que existe un camino para que el proyecto, llamado también “el fin de la vida”, sea adoptado antes del verano, pese a la oposición de un sector parlamentario.
Esto corresponde a la expectativa de nuestros ciudadanos, por lo que debemos de estar a la altura, subrayó.
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