Por su parte, una fuente militar iraní declaró a la agencia Tasnim que el número de instalaciones militares estadounidenses alcanzadas ascendía a 14 desde el inicio de la respuesta.
Entre los objetivos señalados figura el radar FP-132 en Qatar, descrito como uno de los principales centros de monitoreo y vigilancia de Estados Unidos en la región, con capacidad para rastrear misiles balísticos a larga distancia.
También fue atacada la base aérea Al Udeid, considerada la mayor instalación militar estadounidense en Medio Oriente.
En Emiratos Árabes Unidos, las acciones incluyeron la base aérea Al Dhafra en Abu Dabi y el puerto de Jebel Ali en Dubái. Según reportes citados por medios internacionales, aunque este último no es oficialmente una base militar, constituye el principal puerto de escala de la Armada estadounidense en la región.
Las operaciones también incluyeron la base estadounidense en Erbil, en la región del Kurdistán iraquí, y la base aérea Muwaffaq Salti, en Jordania, que aloja unidades del Comando Central de la Fuerza Aérea de Estados Unidos.
Las acciones contra intereses estadounidenses coincidieron con el lanzamiento de misiles iraníes hacia Israel, en el marco de la escalada desencadenada tras los bombardeos ejecutados por Washington y Tel Aviv contra varias provincias iraníes.
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