Tenía 17 años. Ocho de ellos los dedicó a lo que mejor sabía hacer: buscar vida bajo los escombros.
Especialista en rescate en estructuras colapsadas, Bruno formó parte de la Unidad Canina (K9) y trabajó siempre al lado de su entrenador, el técnico Ramón Paulino, con quien construyó una complicidad silenciosa, hecha de miradas y órdenes breves.
Estuvo donde más se le necesitó. En la tragedia del centro nocturno Jet Set, el 8 de abril de 2025, y tras la explosión de San Cristóbal, el 14 de agosto de 2023, su figura ágil se abría paso entre concreto, polvo y angustia.
Mientras el país contenía la respiración, Bruno buscaba señales, rastros, esperanza.
También cruzó fronteras. La Defensa Civil publicó en su portal que en 2023 participó en el “Simulacro Regional de Asistencia Humanitaria y Respuesta a Desastres” en Panamá, y recibió entrenamiento especializado en Guatemala perfeccionando su capacidad para localizar personas vivas atrapadas.
La despedida fue solemne. El director ejecutivo de la institución, Juan Salas, lo definió como símbolo de disciplina, lealtad y entrega absoluta. “No fue simplemente un perro; es parte de nuestra historia”, apuntó.
A su alrededor estaban brigadistas, técnicos y voluntarios, compañeros de cientos de misiones, según las fotografías publicadas en la página de la institución.
Bruno ya no corre entre escombros. Ahora descansa. Pero su huella —esa que no deja marca visible y, sin embargo, transforma destinos— permanecerá intacta en la memoria de quienes lo vieron trabajar sin miedo, siempre buscando vida.
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